DEVOCIONAL 01LECTURA · 3 MIN

2 Reyes 19:14

La carta sobre el altar

¿Qué hacemos cuando una noticia parece tener más autoridad que nuestra fe? Ezequías nos enseña a llevar primero la amenaza delante de Dios.

Pasaje bíblico2 Reyes 18:28–37; 19:1–20, 35–37

La historia

Jerusalén estaba rodeada. Senaquerib, rey de Asiria, ya había conquistado ciudades más fuertes y envió una carta para sembrar miedo. No solo amenazaba al pueblo; se burlaba de su confianza en Dios. El mensaje decía que no había salida y que ninguna nación había logrado detener al ejército asirio.

Ezequías leyó la carta, subió a la casa del Señor y la extendió delante de Dios. No fingió que el peligro era pequeño ni respondió desde el orgullo. Presentó la situación con honestidad y recordó quién era Dios. El Señor respondió por medio de Isaías: había escuchado la oración. Jerusalén no sería entregada. La carta contenía hechos reales, pero no contenía la última palabra.

Ezequías tomó la carta de mano de los embajadores, y después que la hubo leído, subió a la casa de Jehová, y la extendió Ezequías delante de Jehová.

2 Reyes 19:14 · Reina-Valera 1960

Lo que aprendemos

La fe no niega diagnósticos, deudas, conflictos o amenazas. Los coloca en el lugar correcto: delante de Dios. Ezequías no convirtió la oración en su último recurso, sino en su primera respuesta. Cuando extendemos nuestra carta delante del Señor, dejamos de leerla solos. Tal vez el documento no cambie de inmediato, pero cambia la autoridad que le concedemos sobre nuestra mente.

Pasos para esta semana

  1. Escribe la preocupación que hoy domina tus pensamientos.
  2. Preséntala a Dios con palabras sencillas y específicas.
  3. Anota una verdad bíblica que sea mayor que aquello que temes.

Para conversar

  • ¿Qué frase has aceptado como sentencia final?
  • ¿Cómo cambiaría tu semana si la oración fuera tu primera respuesta?

Oración

Señor, hoy extiendo delante de ti aquello que me preocupa. Tú conoces los hechos y también conoces el final. Líbrame de responder desde el miedo. Dame sabiduría, paz y valor para obedecerte. Que mi confianza descanse en tu fidelidad. Amén.

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