Génesis 21:17
Dios escucha a una madre
Agar llegó al límite de sus fuerzas en el desierto. Allí descubrió que Dios veía a su hijo y que la provisión estaba más cerca de lo que imaginaba.
La historia
Agar salió al desierto con Ismael, pan y un odre de agua. Cuando el agua terminó, colocó al muchacho bajo un arbusto y se alejó porque no soportaba verlo morir. Era una madre sin recursos, sin dirección y sin una respuesta visible.
La Escritura dice que Dios oyó la voz del muchacho. Un ángel llamó a Agar, le dijo que no temiera y le recordó que Ismael todavía tenía futuro. Después abrió sus ojos y ella vio un pozo. Llenó el odre, dio de beber a su hijo y continuó. El desierto no fue el final de su historia.
“Y oyó Dios la voz del muchacho; y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo, y le dijo: ¿Qué tienes, Agar? No temas; porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está.”
Génesis 21:17 · Reina-Valera 1960
Lo que aprendemos
Amar a nuestros hijos también significa aceptar que no controlamos todo lo que enfrentarán. Podemos educar, proteger, escuchar, corregir y orar, pero debemos confiarlos al Dios que los ve aun cuando no podemos acompañarlos. A veces la angustia también necesita calmarse para reconocer la provisión cercana.
Pasos para esta semana
- Ora por cada hijo o joven mencionándolo por nombre.
- Pregunta cómo se siente y escucha sin corregir inmediatamente.
- Identifica un recurso o apoyo que la ansiedad te impedía ver.
Para conversar
- ¿Qué temor sobre tus hijos necesitas entregar?
- ¿Cómo puedes cuidar sin intentar controlar?
Oración
Dios que ves y escuchas, pongo delante de ti a nuestros hijos. Guárdalos, dirígelos y rodéalos de personas sabias. Abre nuestros ojos y danos equilibrio para cuidar con amor, sin vivir dominados por el temor. Amén.
Comunidad
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